A ver, que levante la mano el que no haya pensado alguna vez: “Ojalá mi tostadora también hiciera café”. No, espera, eso no. Mejor: “Ojalá mi vida fuera más complicada, pero de una forma divertida”. Pues prepárense, porque hoy vamos a destripar un concepto que combina la frustración de un Cubo de Rubik con la alegría de la música, y todo gracias a un poco de ingenio y mucha electrónica. El estudio “Cubesic” nos propone justo eso: ¿Por qué usar un teclado aburrido para iTunes cuando puedes torturar un Cubo de Rubik para que cambie de canción?
Imagina esto: estás en plena sesión de estudio, o intentando parecer un DJ muy serio en tu salón, y de repente, en vez de mover un slider o pulsar un botón, le das un giro brusco a la cara amarilla de tu cubo. ¡PUM! Volumen a tope. Un giro a la verde y… ¡siguiente canción! ¿Brujería? No, física, electrónica y un poco de ese masoquismo ingenieril que tanto nos gusta.
La magia, amigos, no es magia. Es la conversión de un movimiento mecánico (ese giro de 90 grados que le pegas al cubo) en una señal eléctrica que un ordenador pueda entender. Dentro de un Cubo de Rubik ‘normal’, tienes piezas que rotan sobre ejes. Para que este juguete se convierta en un DJ, hay que meterle sensores que detecten esos giros. Piensa en pequeños acelerómetros, giroscopios, o incluso sensores de efecto Hall que detecten la posición de imanes estratégicamente colocados. Cada giro, cada cambio en la orientación de una cara, genera un dato. Ese dato se interpreta como una orden: subir volumen, bajar volumen, play, pause, ‘¿por qué siempre la misma canción, Spotify?’
El meollo está en la detección de estados. Cada vez que giras una cara, cambias la configuración del cubo. Los sensores registran ese cambio de estado y lo traducen a un comando digital. Es la física de la rotación y la mecánica de esos ejes internos transformándose en bits y bytes.
Cuando hablamos de girar, estamos hablando de movimiento angular. Y sí, esto tiene su fórmula. Para cuantificar la velocidad con la que le damos ese giro “épico” a la cara del cubo, podríamos hablar de la velocidad angular media (), que no es más que el cambio de ángulo () en un determinado tiempo (). Un giro rápido o lento podría incluso mapearse a diferentes acciones. Donde es el ángulo girado (por ejemplo, radianes para 90 grados) y es el tiempo que tardas en hacer ese giro. ¡Así de simple!
¿Quieres visualizar esto sin soldar nada? ¡Claro que sí! Es tu turno de ser un maker de bajo presupuesto. El Experimento del ‘Dado Musical’:
- Coge seis Post-it de diferentes colores (o escribe números del 1 al 6 en seis trozos de papel).
- Asigna una acción musical a cada color/número:
- Rojo/1: Play/Pause
- Azul/2: Siguiente canción
- Verde/3: Canción anterior
- Amarillo/4: Volumen +
- Blanco/5: Volumen -
- Naranja/6: Silencio
- Ponlos boca abajo, mézclalos bien y voltéalos uno a uno (o lánzalos como dados). ¡Voilá! Cada vez que revelas un color/número, estás simulando un “estado” o “giro” del cubo que desencadena una acción. No es tan sexy como un Rubik’s DJ, pero te da una idea de cómo un estado físico discreto puede mapearse a un comando digital. ¡Ahora, a ponerle banda sonora a tu caos de Post-its!
Si eres de los que piensan que un Rubik’s Cube tiene más potencial que solo frustrarte en tus ratos libres, aquí tienes algunos cacharros para empezar tu propio proyecto ‘Cubesic’ casero:
- Cubo de Rubik de Velocidad Profesional: No querrás hackear uno de esos que se atascan. Un buen cubo de velocidad es suave, preciso y te dará menos dolores de cabeza al integrarle sensores.
- Kit de Inicio Arduino: Tu cerebro electrónico para conectar el cubo al mundo digital. Viene con mil sensores y componentes para que experimentes hasta que eche humo.
- Sensores de Efecto Hall (Paquete): Pequeños y discretos, estos te ayudarán a detectar la presencia de imanes que podrías pegar estratégicamente dentro del cubo para saber qué cara se ha movido y dónde.
Así que ahí lo tienen, compañeros makers. Un cubo que te pone la banda sonora de tu vida, o al menos de tu tarde. Un proyecto que te permite combinar la satisfacción de resolver (o al menos manipular) un rompecabezas con el placer de la música, y todo gracias a un poco de física y mucha maña. ¿Quién dijo que la ciencia no podía ser divertida y ruidosa?
Fuentes y Referencias
Este artículo se basa en investigaciones publicadas en ArXiv.
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